Un gaucho acostumbrado al churrasco puede no haber oído hablar jamás del pato al tucupi de la Amazonia.
La comida de una región suena exótica en otra dentro del mismo país. En muchas ocasiones, las frutas nativas son desconocidas para los propios brasileños.
Nuestros colonizadores no descubrieron aquí una cocina desarrollada, pero el impacto del medio ambiente y de los nuevos ingredientes se hicieron sentir enseguida.
El contacto del portugués con el indio hace que se junten ( junta) dos vértices culinarios. Las yucas, las frutas, las pimientas, la caza y el pescado se van mezclando con gracia al aceite de oliva, bacalao seco, guisos y a la repostería.
El colonizador comienza a llevar esclavos africanos a las plantaciones de caña de azúcar de Salvador, capital de Bahía. Incorporamos inmediatamente el aceite de dende , el coco las gambas secas y muchas cosas más, formando el trío: el índio nativo el portugués y africano, que acabaría caracterizando nuestra cocina.
Está claro que cada región tiene sus características, huellas del pasado y geografía que determinan su comida típica. Hay comidas de día de fiesta, como la de los santos ( del día de Todos los Santos ?) en Bahía, de las fiestas de San Juan, de las de Reyes, comida de vigilia. Son comidas que podemos degustar en las fiestas o en los restaurantes especializados en comida típica.
Cada región tiene su comida festiva, pero la feijoada, de origen carioca (de Rio de Janeiro) es considerada por muchos como el plato brasileño más típico.
Se ofrece con frecuencia a los visitantes que quedan encantados con la olla de frijoles negros con su caldo espeso, cocido con una gran variedad y abundancia de carnes saladas, ahumadas y frescas.
Generalmente, se sirven los frijoles separados, en una vasija y las carnes en otra.
Suele ir acompañado de col picada muy fina a la que se ha dado sólo vuelta y vuelta en la sartén con un poco de ajo y aceite, harina de mandioca o farofa (que es la harina frita en mantequilla) y rodajas de naranja muy frescas. Cada uno compone su plato como quiere, pero nadie deja de precederlo con la famosa caipiriña, la bebida nacional, hecha de cachaça (aguardiente de caña), limón y azúcar.
¿Cuál sería, pues, el menú de un día típico de una casa brasileña de clase media?
Café da Manha o Desayuno: café con leche, pan con mantequilla. Si se quiere más, un trozo de queso fresco de Minas Gerais y una pieza de fruta, como papaya o naranja.
El almuerzo y la cena son parecidos.
El menú es casi siempre arroz blanco, frijoles colorados o negros con su caldo espeso, carne, ave o pescado, una ensalada verde, verduras cocidas y croquetas fritas o pastel. Acompañado de una bol con harina de mandioca, o farofa y un frasco con pimienta en conserva o salsa de pimienta.
A la cena se puede servir una sopa y las más apreciada es la sopa de frijoles y la de gallina con arroz.
A la comida y a la cena les sigue un buen cafecito.
El postre puede ser un dulce con queso (que es también una singularidad brasileña) o frutas, o todo a la vez.
Entre el almuerzo y la cena puede existir una merienda, que a veces es un café con bollos o bizcochos.
A
la mayoría de los brasileños les encanta una clase de comida que puede llevarse a la boca con las manos y que se acaba en uno o dos bocados. Son los salgaditos .
Preceden a una cena o almuerzo, como aperitivos, pero pueden constituir el menú completo de una boda, un bautizo o una fiesta de cumpleaños. Le siguen con frecuencia los docinhos, dulces llamados así, cariñosamente, con el diminutivo.
La comida de rua (de la calle), la que vive al aire libre, a la puerta de las iglesias, en las plazas, en aceras, en quioscos a lo largo de las playas, también ha sido y es muy apreciada por los brasileños de todas las clases sociales.
En todos los bares de calle, los zumos de frutas, llamados vitaminas y que pueden variar hasta el infinito, con mezclas de mangos y acerolas, piñas, plátanos y leche, naranjas y guayabas y, como bebida alcohólica, el brasileñísimo batido, que es cachaça mezclada con hielo picado, fruta y azúcar. ¡Una delicia!Esta comida de calle forma un mosaico interesante de las preferencias del pueblo.
De Nivel Internacional, principalmente en São Paulo, encontramos la cocina de casi todos los lugares del mundo, de buena calidad y a precios incluso razonables, a causa de la diversidad de la inmigración.
Se puede realmente viajar gastronómicamente por el globo sin dejar los barrios de São Paulo.
La comida italiana es naturalmente la más apreciada y dicen incluso que la pizza brasileña es mejor, con creces, que la napolitana... Los chinos fueron los primeros que presentaron una comida exótica y, aceptados muy pronto, hoy tienen cadenas de fast-food y comida para llevar. Los restaurantes japoneses, desconocidos durante mucho tiempo, se pusieron de moda hace algunos años y llegaron para quedarse.
La nueva generación ya no sabría vivir sin un sushi.
Los franceses han hecho de São Paulo su reducto, muchos se casaron con brasileñas y defienden el producto nacional con uñas y dientes. Comer bien, en buenos restaurantes en São Paulo, no resulta barato, pero sí muy fácil. La ciudad camina a pasos largos para ser uno de los grandes centros gastronómicos del mundo.
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GASTRONOMIA PORTUGUESA
Renata Vieira
Profesora de portugués
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