La gastronomía Portuguesa ha sabido aprovecharse de las gestas de sus navegantes, que traían hasta los puertos del país cargamentos de especies desde África, Asia y América. Este ha sido el origen de una gastronomía rica en matices y aromas, donde el bacalao es la estrella indiscutible. Pero tampoco se han descuidado otros pescados, los mariscos, los asados de carne, el arroz y unos postres dulcísimos.
Nos podemos encontrar con núcleos de la Lisboa musulmana y judía en medio de un galimatías de ropa tendida y cuestas adoquinadas donde los vecinos todavía toman el sol, juegan al tute y maldicen al perder en calao, la jerga local. Por otra parte nos encontramos una ciudad donde aún se reconocen restos de un pasado marinero y casas de mala reputación.
Los adoquines con que se confeccionan las aceras lisboetas no son cómodos para caminar, pero aportan a la ciudad un toque añejo muy atractivo.